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Hacía tiempo que no visitábamos a
nuestros amigos de El Viso del Marqués, preciosa villa
Castellano-Manchega que linda con nuestra provincia por el otro lado
de Sierra Morena y próxima al paso de Despeñaperros, la vía más utilizada
en las comunicaciones entre Andalucía y el resto de la península
ibérica desde que se la chivara a los reyes cristianos el pastor de
Las Navas, como se menciona en una de las Leyendas que amenizan esta
página Web. |
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Así
es que el pasado 13 de Noviembre, junto con nuestro buen amigo y
maestro de botánica Eduardo García Maroto, enfilamos la autovía de
Madrid hasta Almuradiel, desviándonos por la carretera que va a
Puertollano. El Viso del Marqués está como a unos diez kilómetros,
destacando rápidamente en la llanura manchega por la impresionante
mole del palacio del Marqués de Santa Cruz, hoy museo de Marina. |
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El
marqués, D. Álvaro de Bazán, almirante mayor de Castilla, que dirigió
la flota en la batalla de Lepanto, construyó su palacio en este
singular lugar ("porque pudo y porque quiso", según te dirán los
lugareños de El Viso) para estar a distancia más o menos equidistante
de sus tres centros de trabajo principales entonces: Cádiz, Cartagena
y Madrid.
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Nuestros amigos, Pepe e Isabel, lo son ya desde hace más de quince
años, cuando comenzábamos en nuestra sociedad micológica Lactarius y
nos visitaban en nuestras exposiciones, visita que les devolvíamos la
semana siguiente, en la que ellos celebraban la suya con participación de
magníficos micólogos de la Asociación Micológica de Madrid, con los
que nos embelesábamos aprendiendo. Además, el excelente chocolate con
churros con que se nos obsequiaba por las mañanas y las migas o el
arroz de mediodía, hacían aún más amena la jornada. |
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Pepe e Isabel son los fundadores
de la Asociación Viseña de Amigos de la Naturaleza y de su museo,
a donde nos dirigimos para tratar de localizarlos. Tuvimos el
placer de encontrar a Pepe pero no a Isabel, ya que estaba de
viaje, y de que éste nos acompañara muy amablemente en nuestra
visita por el museo.
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Nuestra
primera sorpresa fue encontrar la exposición itinerante denominada
Tesoros en Las Rocas, del Museo Geominero de Madrid, que va a
permanecer en El Viso desde el 8 de Octubre de 2004 hasta el 31 de
Marzo de 2005, y que recomendamos a todos los aficionados a la
naturaleza en general y a los minerales y fósiles en particular.
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Algunas
fotos de sus salas: |
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Otra sorpresa: la sala de mariposas, regalo de un mecenas de Madrid y
que es la colección de mariposas más bonita que hemos visto nunca. Ahí
va la muestra: |
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En
la sala de botánica Eduardo se siente en su ambiente, contemplando la
mayoría de plantas que existen en la zona. |
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La descripción es sencilla y
bella, acompañando al herbario una fotografía de la planta en la
naturaleza.
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En otra de las salas tienen una galería de
fotografías.
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En una de las fotografías
me llevo la sorpresa de encontrarme escuchando a uno de los padres de
nuestra micología: Francisco de Diego Calonge. Es todo un honor compartir
esa foto con él. |
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En la sala de micología
mantienen una exposición de setas permanente. |
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Para éllo, utilizan diversos
materiales y métodos. En este caso, setas de poliuretano. |
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Aquí hace años que las mantienen conservadas en formol, aunque de esta
forma algunas pierden el color. |
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Hay un rincón para los niños. |
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Y su mayor tesoro micológico:
Una nueva aportación para la ciencia que fue denominada por Calonge
Rhizopogon aromaticus y localizada por primera vez por Pepe en El
Viso. |
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Ha sido un placer disfrutar de
la sorpresa de encontrarnos con este magnífico museo. Lo conocimos hace
años pero no estaba al nivel que ahora ha alcanzado y que no tiene nada
que envidiar a muchos museos de ciencias naturales de ciudades muy por
encima en posibilidades y población que las que tiene El Viso.
Felicidades, Pepe e Isabel, a vosotros y a los que han colaborado con
vosotros. Aunque sana, rabio de la envidia.
Ya de regreso, hacemos una
parada para comer y matar un poco el gusanillo recolector, en La Aliseda,
un paraje natural entre Santa Elena y Las Navas de Tolosa.
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Muy pocas
setas, pero al menos tropezamos con estos preciosos ejemplares de
Macrolepiota procera. |
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También este solitario
Tricholomopsis rutilans. |
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Por último, mientras comíamos
se nos acercó este dulce ejemplar de ciervo amaestrado, que nos acompañó
junto con una yegua que acudió envidiosa a nuestras caricias. |
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