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JUAN ESLAVA GALÁN
Arjona (Jaén) 1948...
EL NIÑO DEL
MOLINO DEL CUBO
De su libro: LEYENDAS DE
LOS CASTILLOS DE JAÉN
Saliendo de Torredonjimeno por el camino de
Martos se ve, a la mano derecha, el blanco edificio de una ermita grande. A
la vera de la ermita sale un camino que cruza huertecillas y olivares y
luego baja una buena cuesta antes de llegar a la hondonada donde se
levantan, melancólicas, las ruinas del Molino del Cubo, que toma el nombre
de un arroyo claro que lame sus muros.
El Cubo es un molino harinero fortificado que
construyeron los caballeros calatravos. Por la lápida fundacional que está
empotrada encima de la puerta, en elegantes caracteres góticos, sabemos que
el edificio fue construido en el siglo XIV. La sólida fábrica es de sillares
bien tallados y se conserva excelentemente con sus bóvedas, muros,
barbacanas y saeteras. Del estruendo del agua cayendo de gran altura y de
las ruedas moledoras, que obligaría a los blancos molineros a hablarse a
voces, pasó al opresivo silencio en que lo vemos ahora.
Habita el molino del Cubo el tímido fantasma
de un niño. Nadie sabe dar razón de quien es ni de cual fue su andadura
mortal ni de cómo llegó hasta aquí. Poca gente lo ha visto y los que creen
que lo han visto confiesan no haberlo visto bien. Elusivo, se esfuma cuando
recela compañía humana. Algunos atestiguan haber sorprendido unos pies
infantiles que corrían. Otros solo percibieron sus huellas sobre el polvo
secular de los aposentos arruinados. La versión que proclama que en una
prisa se dejó olvidados los zapatitos debe ser apócrifa pero incide, como
las otras, en los pies infantiles. Tal vez estaba el niño jugando a
chapotear con los pies en el arroyo y sorprendido no reparó en que olvidaba
el calzado en su huida. Los que no conocen la leyenda, cuando visitan el
antiguo molino de los calatravos, se saben espiados con curiosidad infantil
desde las ventanas o desde las grietas del techo.
El fantasma solitario de un niño debe ser un
fantasma triste.
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