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JUAN ESLAVA GALÁN
Arjona (Jaén) 1948...
LA YEGUA DEL VENCEDOR
De su
libro: LEYENDAS DE LOS CASTILLOS DE JAÉN
El khatib, Mohamed Ibn Mohamed
Ibn Abdillah Al-yahsobi lo refirió en Jaén a un cronista árabe que lo
visitaba, sentado en su patio una tarde de primavera perfumada de naranjos.
El abuelo del narrador tenía una yegua excelente que montaba cuando había
que salir a atajar una algarada de los cristianos o a invadir la frontera de
Castilla.
Llegó a ser tan conocida la
yegua entre los cristianos de las comarcas vecinas que el rey de Castilla,
oyendo ponderar sus buenas dotes y su aptitud para la guerra, envió
mensajeros a Al-lushi para que éste se la mandase y fijase a su antojo el
precio. Estaba Al-lushi tan prendado de aquella preciosa cabalgadura que, no
queriendo deshacerse de ella, se la negó al monarca; y dicen que por la
noche soñó y oyó una voz que le decía: ve a Arjona y lleva contigo la yegua;
pregunta por uno a quien llaman Mohamed ben Yusuf y en cuanto lo encuentres
véndesela, porque con ella ha de conquistar Jaén y otras ciudades y ha de
ser esta conquista muy beneficiosa para las generaciones venideras.
No obedeció pronto Al-lushi a
tan singular mandato; pero por tres veces escuchó en sueños la misma voz, y
empezó a pensar seriamente en lo que con tanto afán se le encargaba.
Preguntó a un amigo suyo, llamado Ben Ya’ysh, muy conocedor de toda la
comarca, quién podría ser el que le había sido indicado en sueños; y como se
le manifestó que no podría ser otro que Alhamar, partió para Arjona, donde
fijó su residencia. Apenas fue sabida en esta ciudad su llegada y el objeto
de su viaje, pasaron a su casa Alhamar y algunos de sus parientes y
empezaron a negociar la yegua y acordaron su precio. Habló a poco Al-lushi a
Alhamar en la mezquita del castillo y le reveló su sueño y satisfecha por
éste la suma convenida Al-lushi se volvió a Jaén.
Había pasado apenas un año
desde este suceso, añade la crónica, cuando Alhamar tomó en Arjona el título
de rey y se apoderó de las ciudades que había mentado a Al-lushi la voz de
su profético sueño, y fundó la dinastía nazarita que había de reinar en
Granada hasta el fin de los musulmanes en España.
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